lunes, 7 de diciembre de 2009

Lo llevo dentro...


Increible. 7 de Diciembre. Cielo despejado. Caminos secandose al sol. Nunca ha pasado algo como esto, algo va mal, pero a la vez tan bien... Me paseo con el teléfono por el jardin, pensando que quizás podría comer fuera hoy. No lo hago, por pura pereza, porque la mesa ya está puesta dentro de casa, que sino...


Y pensar que cuando eramos pequeñas lo único que deseabamos al llegar el invierno era que todos los parques se llenaran de nieve, que cerraran el colegio, para poder estrenar nuestros nuevos guantes de lana, ponernos la bufanda a rayas y jugar con nuestras amigas. Y entonces comenzaba la guerra. Una simple guerra de nieve. Nos encantaba tirarnos bolas, escondernos tras los árboles, y dibujar grandes sonrisas en las ventanas de los coches que habían tenido la mala suerte de pasar la noche en la calle y que la nieve acabara con su precioso color embarnizado. Tambien hacíamos ángeles con la nieve, moviendo nuestros brazos con agitación, para ver quién conseguía hacer el más grande y reluciente. Nos gustaba hacer muñecos de nieve, comenzábamos con una bola pequeña y tras hacerla rodar por el suelo unas cuantas veces con la ayuda de nuestros fragiles deditos, esa bola insignificante se convertía en cuerpo gracias a nuestra imaginación. Por si fuera poco, nuestra dulce inocencia nos hacía creer que el pobre muñeco de nieve pasaría frío por la noche, por lo que nunca se nos olvidaba regalarle con ilusión nuestra querida bufanda a rayas, mientras mamá miraba a lo lejos con aire de desesperación, pensando que tendría que ir a recogerla por la noche, para que no se la llevara el viento.

Pero lo más importante, es que la nieve nos hacía felices. Conseguía que aprendieramos a compartir, a convivir con los demás. Nos enseñaba a vivir alegres y a apreciar lo que realmente importa, la amistad, el amor, los pequeños detalles... Y sin darnos cuenta, todos tenemos el recuerdo de esa simple felicidad, simple pero perfecta. La Navidad es el momento de demostrar nuestro amor, reflexionar sobre la vida y comprender que nuestros problemas pueden resultar insignificantes, si aprendemos a realmente apreciar lo importante. Porque a veces, basta con un pequeño copo de nieve, para que todos recuperemos esa felicidad e inocencia.


2 comentarios:

  1. que sepas que a mi lo que me sigue gustando a mi es la nieve ya que gracias a ella no hay cole y como sabes tu bien me encanta hacer el gilipollas asique con nieve aún mucho mejor!! teqieroo

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